Apocalypse: una canción sobre las ruinas del pasado y la dificultad de decir adiós
A veces una canción aparece sin aviso.
No la buscamos. No sabemos todavía qué quiere decirnos. Simplemente comienza a sonar y, de alguna manera, encuentra palabras para algo que nosotros apenas estamos aprendiendo a nombrar.
Eso me pasó con Apocalypse, de Cigarettes After Sex.
La canción comienza con una imagen de destrucción: puentes que se derrumban, ciudades que se convierten en polvo, helicópteros que caen sobre el océano. Todo parece pertenecer al final de una película, a una escena observada desde muy lejos.
Pero quizás no habla del fin del mundo.
Quizás habla del final de un mundo.
Mientras la escuchaba, imaginé a una mujer saliendo de los escombros de una ciudad. No se trata necesariamente de una ciudad real, sino de la vida que conocía: una relación, una época, una versión de sí misma que ya no puede sostenerse.
Todo aquello que alguna vez pareció firme ahora se está deshaciendo.
Hay algo particularmente inquietante en la imagen de alguien que observa y filma la destrucción. Me hizo pensar en la manera en que a veces contemplamos nuestro pasado: repetimos las escenas, volvemos a los mismos recuerdos y tratamos de entender en qué momento comenzó a caer todo.
La ciudad ya desapareció, pero uno continúa mirándola.
Vivir entre las ruinas
El centro emocional de la canción aparece cuando el narrador reconoce que ella lleva demasiado tiempo encerrada y que todavía no puede despedirse.
Me parece que allí está la verdadera dificultad de algunos finales. No siempre basta con que algo termine en la realidad. También tiene que terminar dentro de nosotros.
Podemos alejarnos de un lugar y seguir viviendo mentalmente en él. Podemos aceptar que una relación terminó y continuar conversando con sus fantasmas. Podemos saber que una etapa pasó y, aun así, sentir que una parte de nosotros permanece sentada entre sus ruinas.
Decir adiós no es solamente pronunciar una palabra.
Es aceptar que ya no podemos regresar.
Tal vez por eso la canción no presenta a la mujer como alguien completamente libre. Ella ha logrado salir de algunos escombros, pero todavía lleva consigo aquello que perdió. Su pasado no está intacto, aunque tampoco ha desaparecido por completo.
Se ha convertido en una especie de habitación oscura.
Cruzar mientras sube el agua
Más adelante aparece otra imagen: dos personas tratando de atravesar los ríos mientras el agua comienza a subir.
La escena cambia. Ya no se trata únicamente de observar una ciudad destruida. Ahora hay que moverse.
El agua llega hasta las rodillas. Los recuerdos, el miedo y el dolor amenazan con inmovilizarlo todo. Y en medio de eso, alguien propone cruzar juntos.
Esta parte me parece importante porque el narrador no intenta borrar el pasado de ella. Tampoco le exige que sane de inmediato. No le dice que olvide, que supere o que deje de sentir.
Solamente permanece cerca.
Hay procesos que nadie puede atravesar por nosotros, pero que no tendríamos que atravesar completamente solos. Otra persona no puede reconstruir la ciudad que perdimos, pero puede caminar a nuestro lado mientras buscamos tierra firme.
A veces eso es lo único posible.
Y también es mucho.
Otro lugar donde comenzar
Hacia el final, el narrador promete acercarse cuando ella esté sola y acompañarla cuando se sienta abatida.
No es una promesa de rescate. Al menos yo no la escucho así.
Es una promesa de presencia.
Él no puede cambiar lo que ocurrió ni levantar de nuevo los edificios que cayeron. No puede despedirse en nombre de ella. Pero puede convertirse en otro lugar desde el cual comenzar.
Eso fue lo que más me quedó de la canción.
En ocasiones creemos que empezar de nuevo significa borrar todo lo anterior. Sin embargo, quizá un comienzo nuevo no exige olvidar las ruinas. Quizá consiste en dejar de vivir dentro de ellas.
Salir no significa negar que la ciudad existió.
Significa aceptar que ya no es nuestro hogar.
Hay canciones que llegan solamente para acompañar una tarde. Otras llegan con una precisión extraña y encuentran algo que estaba sucediendo dentro de nosotros sin que lo hubiéramos comprendido por completo.
Apocalypse me hizo pensar en esos momentos en que una parte de la vida se derrumba y todavía no sabemos qué construiremos después. En el tiempo que toma despedirse. En las personas que no nos sacan de las ruinas, pero se quedan cerca mientras aprendemos a caminar entre ellas.
Tal vez por eso algunas canciones sorprenden tanto.
Porque aparecen sin aviso y, durante unos minutos, parecen conocer exactamente el lugar del que estamos tratando de salir.
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